La gestión de las aguas pluviales en los proyectos inmobiliarios: ¿por qué las nuevas técnicas denominadas «alternativas» contribuyen al rendimiento medioambiental? May 20, 2008
La problemática de la gestión de las aguas pluviales en los proyectos inmobiliarios recurre, desde hace algún tiempo, a nuevas técnicas denominadas «alternativas» las cuales, por principio reproducen los fenómenos del medio natural tanto desde el punto de vista cuantitativo, con la gestión de los caudales, como cualitativo, con el tratamiento de aguas residuales.
Utilizar las fuerzas de la naturaleza en lugar de medios artificiales, convivir con el agua en lugar de perseguir a cualquier precio su desaparición es, sin duda, una actitud muy respetuosa con el medioambiente encaminada a la eficacia, la seguridad y el desarrollo sostenible. Stanislas Grassien, responsable de I+D de GSE nos ofrece las claves de un principio que tiende a desarrollarse.
¿Qué entendemos por «gestión de aguas pluviales» y para qué sirve?
Stanislas Grassien: Un proyecto inmobiliario, sea el que sea, incluye una gran parte de superficies impermeabilizadas, como tejados, vías o aparcamientos. Esto tiene dos consecuencias fundamentalmente:
en el plano hidráulico, la reacción a la pluviometría de la parcela construida se modifica en relación con la del terreno natural inicial. La impermeabilización de las superficies tiene como consecuencia acelerar la velocidad de escorrentía de las aguas pluviales y una concentración más rápida de estas en los puntos bajos del proyecto. En caso de fuertes precipitaciones, aumenta considerablemente el caudal instantáneo de vertido abajo de la parcela, denominado «caudal punta».
en el plano de la calidad de las aguas pluviales, esta se ve afectada por la contaminación: la circulación continua de vehículos en la calzada conlleva un depósito crónico de hidrocarburos que se mezclan con el polvo ensuciando las vías y los aparcamientos. En caso de precipitaciones, estas partículas, llamadas «materiales en suspensión» se despegan por el arrastre de la lluvia. Entonces, el agua contaminada no puede verterse en la naturaleza tal cual.
El principio de gestión de las aguas pluviales (AP) consiste, por lo tanto, en proteger las partes de la parcela construida que se encuentran corriente abajo y bajo la parcela (la capa freática), tanto en el plano cuantitativo (gestión del caudal máximo) como en el cualitativo (gestión de la contaminación). Para ello, el constructor debe construir colectores y obras de retención de las aguas pluviales, como redes y depósitos de detención, por ejemplo, y obras de descontaminación como los separadores de hidrocarburos.
En la práctica, ¿cómo funciona?
S. G.: Concretamente, en la técnica tradicional,
para evacuar las aguas recogidas en los tejados de los edificios, se conectan sumideros a través de canales de bajantes de aguas pluviales con redes enterradas bajo el pavimento;
para evacuar y tratar las aguas recogidas en el suelo, las rejillas-sumideros repartidas a lo largo de la calzada y los aparcamientos se conectan con redes enterradas que desembocan en un separador de hidrocarburos.
Según las necesidades del caudal de fuga autorizado para vertido de parcela o para filtración, se asocia al sistema un depósito de detención corriente abajo, la mayor parte del tiempo estanco.
El principio consiste en diferenciar las aguas procedentes de los tejados y las de las vías, y desecar lo antes posible todas las superficies revestidas, sea cual sea el acontecimiento pluviométrico. Ahora bien, en meteorología, las estadísticas tienden a demostrar que cuanto más intenso es dicho acontecimiento pluviométrico, más raro es: se habla de aparición decenal o incluso centenal en el caso de determinados proyectos. Así, los sistemas de enormes dimensiones utilizados por las técnicas tradicionales casi nunca aprovechan su capacidad nominal.
Por otro lado, las redes en ocasiones complejas y los separadores de hidrocarburos presentan dificultades de acceso para su mantenimiento. Por último, los depósitos de detención a menudo ocupan un gran espacio y, además, son difíciles de integrar en el paisaje.
Conscientes de estos inconvenientes, nos hemos volcado en técnicas denominadas «alternativas», ya que estas cumplen las mismas funciones siendo más sencillas de implementar y, al final, están mejor adaptadas a los proyectos de construcción.
Bien, y estas nuevas técnicas ¿en qué principio se basan?
S.G.: Las técnicas denominadas «alternativas» recurren a procesos de gestión y depuración de las aguas pluviales que ya existen en el medio natural. Sustituyen a las tradicionales obras hidráulicas artificiales.
En el plano hidráulico, la topografía del terreno adquiere un gran valor: las pendientes de las vías se aprovechan, los espacios del paisaje aseguran el control de la escorrentía de las superficies y pueden formar volúmenes de detención repartidos por toda la parcela. Esto permite evitar concentrar las aguas pluviales en un solo punto, reducir su velocidad de recorrido y disminuir así el tamaño de las obras.
Concretamente la escorrentía de las aguas en las superficies revestidas queda asegurada por vertido directo hacia las obras que la rodean, paisajes modelados y con plantas. Por ejemplo, las cunetas verdes integradas a lo largo de las vías y los aparcamientos; y, en los espacios verdes, senos en forma de depósitos llamados «normalmente secos», que se llenan en caso de precipitaciones. Las débiles pendientes de los contornos de estas obras facilitan su integración en el proyecto paisajístico y permiten un mantenimiento sencillo, al igual que el de los espacios verdes tradicionales.
En el plano del tratamiento cualitativo de la contaminación, se crean las obras naturales de decantación de los materiales contaminantes en suspensión (eficaces con respecto a aproximadamente el 90% de la contaminación); se asocian con plantaciones semiacuáticas que tienen la propiedad de absorber los materiales contaminantes en suspensión disueltos (quedando el 10%). Un primer compartimento, llamado «depósito de pretratamiento», de grandes dimensiones y poco profundo, permite reducir la velocidad de corriente de las aguas pluviales y favorece la decantación de las partículas en suspensión portadoras de contaminantes; plantas rizomas como cañas, plantadas en la periferia, completan el dispositivo de depuración de los contaminantes disueltos. Un segundo compartimento corriente abajo y a continuación del primero, llamado «depósito de escalonamiento», permite nivelar el caudal máximo al caudal de fuga autorizado en la parcela y constituye un complemento de tratamiento en caso de un acontecimiento pluviométrico excepcional.
¿Cuál es la perspectiva actual sobre la implantación de estas técnicas?
S. G.: Estas técnicas se conocen y utilizan desde hace más de diez años en Estados Unidos, desde donde llegaron a Inglaterra y Alemania.
En Francia, con un enfoque teórico, fruto de conferencias y numerosas tesis sobre el tema a partir de 2000/2001, las técnicas son dominadas por los ingenieros desde hace algunos años. Hasta ahora estaban reservadas generalmente a proyectos de pequeña envergadura no sujetos a la legislación de aguas o en proyectos muy urbanizados.
Desde 2003, se han concretado importantes proyectos de ordenación pública sujetos al Código del Medioambiente francés (Art. 214 y siguientes, anteriormente Ley de Aguas), proyectos para Zonas de Ordenación Concertadas (ZAC) fundamentalmente, gracias al apoyo de las DIREN (Direcciones regionales del medio ambiente) en ciertas regiones «piloto». GSE ha sido pionera en este sentido, con la ejecución de un primer proyecto en 2004 aplicado a un parque logístico.
Estos proyectos se han convertido en referencias cuya eficacia ha dado lugar a la redacción de pliegos de condiciones por las mismas DIREN, cuyo objetivo es promover estas técnicas alternativas mediante su profesionalización.
Poco a poco, estas soluciones, al extenderse la constatación de su eficacia, son admitidas en otras regiones y las referencias comienzan a multiplicarse.
La cuestión central del desarrollo sostenible ha acelerado aún más el aumento de los proyectos hacia estas técnicas alternativas. Nuestra experiencia en la materia nos permite en la actualidad ser capaces de orientar el diseño de nuestros proyectos de construcción teniendo en cuenta los distintos métodos de gestión de las aguas pluviales.
Al final, esta nueva gestión de las AP parece tener numerosas ventajas en beneficio de todos…
S. G.: Efectivamente. Este diseño de gestión de las aguas pluviales mediante técnicas alternativas, cuando se domina bien, ofrece ventajas para todos los agentes del proyecto.
Para el inversor, supone generalmente un ahorro ligado a la optimización del espacio construible gracias a la mejor integración de las obras en la parcela (en especial de los depósitos de retención) y un incremento de la seguridad ligado a la gestión de la distribución del agua a lo largo de todo el espacio construido.
Para el constructor, supone sin duda un beneficio sobre los plazos de ejecución y las causas de siniestralidad, gracias a la reducción del número y envergadura de las obras soterradas.
Para el usuario constituye una simplificación del funcionamiento y seguimiento de sus obras de gestión pluvial, que se hace más accesible, más fácil de mantener, aumentando su rendimiento en el plano medioambiental a través de una mejor gestión de la contaminación crónica y de la integración en un proyecto paisajístico agradable y de calidad.
En resumen, estas técnicas alternativas son una forma muy eficaz de conciliar el rendimiento medioambiental, el uso óptimo del espacio y la seguridad en cualquier momento.